Estuve algunos días fuera y desconectado de este blog en el que he podido conocer por sus letras y comentarios a muchas personas interesantes. Les agradezco a todo@s los que se han detenido en este espacio y han dedicado algo de su tiempo para leer y decir algo.
Me fui unos días a la mismísima Ciudad de México a visitar a la familia y amigos, estuvo increíble porque el tiempo fue perfectamente administrado y pude estar con la gente que quería ver.
Hubo un día de promoción de vuelos y vaya oferta que agarré, $598 pesos que son un poco menos de 60 usd en viaje redondo desde Puerto Vallarta a Toluca. Como bien saben esta ciudad se ubica en el Estado de México a una hora de distancia de donde viven mis padres al sur del Distrito Federal en la zona del Ajusco así que está bastante decente. En dos horas un cambió drástico de ambiente, de playa y montañas a la selva de asfalto, qué cosas.
Sin duda algo de lo que más extraño es la comida, no hay nada como la fritanga chilanga, el paladar lo pide a tan solo unos segundos de arribar a la Capital así que la dieta de los últimos días fue basada en tacos en sus distintas variedades, sopes, quesadillas de chicharrón y honguitos, huaraches con costilla y queso, torta de tamal verde con atolito de arroz, pambazos y demás, mmmm ... ya se me hizo agua la boca nomás de acordarme. Ahora vuelvo, voy a hacer un pedido especial.
20.2.08
13.2.08
12.2.08
Unos labios que se vuelven tristes
unos ojos que lloran buscando explicación
unas manos que tiemblan al hacer contacto con tu cuerpo
unos pies que recorren el camino destruído
unos oídos que sólo escuchan mentiras
un corazón que deja de latir para esperar
un sentimiento oculto en la incertidumbre
una verdad carcomida por el tiempo
un sol que quema
un viento que aleja
un hombre
una mujer
unos ojos que lloran buscando explicación
unas manos que tiemblan al hacer contacto con tu cuerpo
unos pies que recorren el camino destruído
unos oídos que sólo escuchan mentiras
un corazón que deja de latir para esperar
un sentimiento oculto en la incertidumbre
una verdad carcomida por el tiempo
un sol que quema
un viento que aleja
un hombre
una mujer
7.2.08
... y de pronto se detuvo súbitamente. Los tres no encontraban explicación alguna. Los oídos agudos permitían escuchar cualquier ruido, los soplidos del viento parecía que entraban en sintonía con el ambiente, iban y venían como diciendo algo, parecía que hablaba, que intentaba decir algo. Inmóviles se quedaron cuando a lo lejos nuevamente escucharon el tintineo de la campana. Qué será eso? se preguntaron. No había idea. La curiosidad les ganó y decidieron asomarse, abrieron la puerta y comenzó una tormenta, las gotas de lluvia no dejaban de caer, parecía interminable, tras varios minutos finalmente cesó. El agotamiento de todo el día les ganó hasta quedar dormidos. Pasaron las últimas horas de la noche hasta que llegó la madrugada, se despertaron casi al mismo tiempo. Sin querer recordar lo sucedido la noche anterior, tomaron sus cosas y caminaron dándose cuenta que habían pasado la noche en un sitio cualquiera. La luz del día no era clara todavía sin embargo decidieron caminar hasta encontrar la carretera. Estaba un vehículo parado, como si los estuviera esperando. Pasaron de lado y el señor que estaba al volante les preguntó: Cómo pasaron la noche? -Dudaron en responder. Todo bien?- insitió el conductor de la camioneta. Se miraron los tres y como adivinándose el pensamiento se echaron a correr sin rumbo fijo.
6.2.08
UNA DE TANTAS
Hace unos años viajaba junto con dos amigos de la infancia, al pueblo de Carcas, un lugar desierto en todos sentidos, por la geografía misma y por la poca gente que aún vivía en ese extraño sitio. Iban a visitar al abuelo de uno de ellos que había pedido desesperadamente que su nieto primogénito lo fuera a visitar. Salieron desde la Ciudad de México en autobús hacia San Luis, desafortunadamente no pudieron alcanzar el último tren, debido a que hubo un atraso de 45 minutos en la salida del camión, tiempo suficiente para perder su paso.
Para ese momento, ya no había transporte alguno que los llevara hasta la estación indicada.
Preguntando en la central las posibles maneras de llegar, un señor se acercó y les dijo que los podía llevar y aceptaron ir en la parte de atrás de su camioneta, que era el lugar que les ofrecía. La tarde comenzaba a caer y el frío del desierto en noviembre se hacía presente a cada instante al igual que el viento que soplaba fuertemente. Después de un par de horas detuvo el vehículo y les dijo: Hasta aquí jóvenes, yo tengo que regresar antes de que todo esté más obscuro, ustedes se siguen derecho y encontrarán lugar. A simple vista no podían observar nada así que avanzaron unos metros por lo que intentaba ser un camino. Minutos después toparon con una construcción muy vieja que tenía al frente una gran puerta de madera. Tocaron aún sabiendo que seguramente nadie respondería y así fue. La intentaron abrir, forzaron un poco y se escuchó un gran rechinido que parecía un llanto de niño, un lamento que se mezclaba con el aire que soplaba cada vez más intenso muy cerca de las faldas de la montaña. La puerta se azotó como si descargara el paso del tiempo en unos segundos. Decidieron entrar sin saber lo que podía pasar. Ya estaban cansados del viaje pero sin la disposición de dormir, ni siquiera de cerrar los ojos, pero buscaban un refugio. Se respiraba un olor a viejo, a metales, un abandono que marcaba su huella. Unos grandes nubarrones se hacían presentes, no llovía pero parecía que no iba a tardar mucho en hacerlo ya que el cielo para ese momento era más que negro. , La obscuridad con el paso de los minutos era más grande al grado que ni siquiera podían ver la palma de las manos a tan sólo unos centímetros de distancia. El miedo no existía, aún no había motivos para poder sentirlo. A distancia comenzaron a escuchar una campana sin compás, sonaba, paraba y pasaban varios minutos en que lo volvía a hacer sin ritmo y sin secuencia, era extraño. Se fue escuchando más fuerte y más fuerte como si se estuviera acercando hasta que el ruido se volvió insportable ...
Para ese momento, ya no había transporte alguno que los llevara hasta la estación indicada.
Preguntando en la central las posibles maneras de llegar, un señor se acercó y les dijo que los podía llevar y aceptaron ir en la parte de atrás de su camioneta, que era el lugar que les ofrecía. La tarde comenzaba a caer y el frío del desierto en noviembre se hacía presente a cada instante al igual que el viento que soplaba fuertemente. Después de un par de horas detuvo el vehículo y les dijo: Hasta aquí jóvenes, yo tengo que regresar antes de que todo esté más obscuro, ustedes se siguen derecho y encontrarán lugar. A simple vista no podían observar nada así que avanzaron unos metros por lo que intentaba ser un camino. Minutos después toparon con una construcción muy vieja que tenía al frente una gran puerta de madera. Tocaron aún sabiendo que seguramente nadie respondería y así fue. La intentaron abrir, forzaron un poco y se escuchó un gran rechinido que parecía un llanto de niño, un lamento que se mezclaba con el aire que soplaba cada vez más intenso muy cerca de las faldas de la montaña. La puerta se azotó como si descargara el paso del tiempo en unos segundos. Decidieron entrar sin saber lo que podía pasar. Ya estaban cansados del viaje pero sin la disposición de dormir, ni siquiera de cerrar los ojos, pero buscaban un refugio. Se respiraba un olor a viejo, a metales, un abandono que marcaba su huella. Unos grandes nubarrones se hacían presentes, no llovía pero parecía que no iba a tardar mucho en hacerlo ya que el cielo para ese momento era más que negro. , La obscuridad con el paso de los minutos era más grande al grado que ni siquiera podían ver la palma de las manos a tan sólo unos centímetros de distancia. El miedo no existía, aún no había motivos para poder sentirlo. A distancia comenzaron a escuchar una campana sin compás, sonaba, paraba y pasaban varios minutos en que lo volvía a hacer sin ritmo y sin secuencia, era extraño. Se fue escuchando más fuerte y más fuerte como si se estuviera acercando hasta que el ruido se volvió insportable ...
5.2.08
NO LO SÉ !!
Camino sin rumbo
con un andar acelerado
Estoy vacío
me pierdo entre la gente
derramo pasos de confusión.
Los sentimientos rodean mi mundo
mi cabeza
mi cuerpo
mi corazón
Atravieso puentes que me llevan de un lado a otro
y sigo sin saber qué hacer
mis palabras se comprimen
y explotan en silencio
Quiero hablar
sentir
creer
hacer
cambiar
con un andar acelerado
Estoy vacío
me pierdo entre la gente
derramo pasos de confusión.
Los sentimientos rodean mi mundo
mi cabeza
mi cuerpo
mi corazón
Atravieso puentes que me llevan de un lado a otro
y sigo sin saber qué hacer
mis palabras se comprimen
y explotan en silencio
Quiero hablar
sentir
creer
hacer
cambiar
31.1.08
... Se detuvo frente al calendario que se ubicaba en la pared y marcó el último día del mes. En su camino se acercó al mueble de la sala y del cajón superior izquierdo tomó el abre cartas, se sentó, sintió que tenía el tiempo en contra, cuidadosamente abrió el sobre y se encontró con lo siguiente: " No fueron coincidencia los negros sentimientos, el dolor profundo que emana de nuestros cuerpos, lo carcomido de nuestras almas, el corazón que va y viene sin rumbo fijo, no hay esperanza, todo es derrota, no quiero saber nada de tí, tan sólo fuiste un momento en mi vida, hoy desapareces para siempre. Tus pasos rencorosos marcan las huellas del desamor, veo tu imagen y no hago otra cosa más que odiarte, quiero que te vayas de mi lado, me has dañado mucho" Se llevó las manos a la cara, no lo podía creer. No sabía de qué se trataba, se puso de pie, dio vueltas a la mesa, sintió el deseo de gritar y gritó. Estaba sorprendido, no tenía firma alguna el escrito, no sabía de quién se trataba, estaban jugando con él, se sintió perseguido por un instante, invadido en su privacidad. Tomó la taza que tenía a un lado mientras sus pensamientos se refugiaban y se diluían junto con el humo que emergía del cafe de la mañana. Le dio un pequeño sorbo y mirando hacia arriba esperó encontrar en el blanco techo la claridad que nunca llegó.
25.1.08
... después de unos instantes, reaccionó, dejó el teléfono a un lado aún sin colgar y caminó lentamente hacia la puerta para no ser escuchado, respiró profundo y se asomó con cautela tratando de observar algo a través de la mirilla. Era la primera vez que lo hacía, siempre llegaba y salía solo, no le gustaban las visitas sorpresa y eran contadas las ocasiones en las que su propia casa era el punto de reunión. Lo único que pudo ver al asomarse fue la puerta del departamento vecino que se ubicaba justo enfrente, así como la gran planta que decoraba el largo pasillo blanco, no había más. Sus nervios aumentaron igual que su curiosidad y decidió abrir. Levantó el seguro, tomó la llave, giró y la puerta se atoró por un instante. Finalmente abrió y no había nadie. Bajó su mirada y se encontró con un sobre en el suelo. Se agachó para tomarlo, no parecía tener datos de remitente ni destinatario. Le pareció muy extraño un sobre de color negro, no era nada común, pero ese mismo hecho lo hacía especial. Lo revisó tratando de encontrar algo por el frente, por detrás, pero no había información alguna, tenía que abrirlo si quería enterarse del contenido. Se dio la vuelta y regresó a donde había dejado el teléfono, ya lo había olvidado. Dejó el sobre en la mesa, levantó el auricular y la línea estaba muerta ...
23.1.08
Se levantó temprano como todos los días, el despertador no sonaba todavía y él ya estaba de pie listo para preparar el café de la mañana. Hoy sería una larga jornada y estaba nervioso. Afuera el viento soplaba y la noche comenzaba a darle paso a los primeros reflejos del sol, se asomó por la ventana y no pudo ver nada, una espesa niebla cubría toda la calle y sus alrededores. Regresó a la cocina, aspiró el aroma del café recién hecho, lo sirvió en su taza favorita y se preparó un pan tostado con crema de maní y mermelada de mora azul. Tras la primera mordida sonó el teléfono y al mismo tiempo el despertador. Por un instante dudó qué hacer y decidió contestar, si sonaba a esa hora de la mañana era porque algo importante sucedía. Tomó el inalámbrico y se dirigió a su recámara para apagar el reloj que no paraba de sonar. Finalmente contestó y una delicada voz le dijo: Buenos días señor Marshall, cómo amaneció ??. No pudo reconocer la voz en ese momento. Bien-contestó. Sólo para recordarle que tiene que llegar a tiempo, le dijo la mujer. Sí, claro-respondió. En ese momento tocaron a la puerta. Era extraño que no le hubieran avisado desde abajo que tenía visita a menos que fuera un vecino. La persona que entrara al edificio tenía que atravesar el lobby de seguridad, subir por el elevador y pasar por otra puerta antes de llegar a su departamento. Se dirigió hacia la sala y preguntó: quién es? No tuvo respuesta alguna. Insistió y no le contestaron. Con el teléfono todavía en la mano le dijo a la mujer: Perdón, es que llamaban a la puerta pero nadie responde. Abra, es importante !! ella le exigió. Sorprendido no supo qué hacer. Por su cabeza pasaron mil pensamientos e ideas, su cuerpo tembló por un momento y se quedó frío...
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