En el camino hacia ese aeropuerto que parece una gran cabaña, , me despedía del imponente lago Nahuel Huapi y de todas las montañas que rodean esta hermosa ciudad, paseando por las Avenidas Mitre y 12 de octubre y agradeciendo los grandes momentos que he pasado por acá.
Ya en la sala de espera y con mi pase de abordar en mano, acudí al llamado que indicaba que era hora de subir al avión de Aerolíneas Argentinas. Había poca gente y abordamos de inmediato. El asiento que tenía marcado era el 7A, así que avancé un poco por el pasillo hacia la fila correspondiente. Al llegar, me pareció extraño que me hubieran designado un asiento inexistente. No había dónde sentarse, era la salida de emergencia y los únicos asientos disponibles eran el 7B y 7C. Me senté enmedio por un momento para revisar nuevamente y lo pude confirmar, mi asiento no existe en este avión jajaja. Como los otros dos estaban vacíos no hubo problema y ni siquiera se los hice saber a la tripulación. Sería un vuelo cómodo con un tiempo estimado de 2:30 hrs., tomé un libro y me puse a leer.
El tiempo que paso en los aeropuertos y aviones mismos, lo disfruto mucho escribiendo, leyendo o escuchando música. Son lugares fuente de ideas y los trato de aprovechar en la mayor medida posible. Ya en el aire, las primeras postales fueron de Bariloche, por supuesto, era increíble observar todo desde arriba. Una panorámica diferente y hermosa de la naturaleza al por mayor.
Minutos después, el capitán saludaba a los pasajeros del avión e informaba el clima, la altitud, etc. en un tono bastante amable que hasta sorprendió. Fue más allá de un anuncio de rutina. Seguíamos volando cuando se escuchó nuevamente su voz indicando que estuvieramos muy pendientes ya que en 2 minutos iba a comenzar el espectáculo. Atentos los del lado derecho, fue el aviso. Los del lado izquierdo nos tuvimos que levantar al pasillo para poder observar, sin embargo, segundos después el anuncio iba nuestro favor. Y así transcurrieron más de 15 minutos, de derecha a izquierda y viceversa. Las sonrisas de todos los pasajeros se multiplicaban al ver una y otra imagen. Fue irreal, muy pocas veces sucede en un vuelo comercial que te dejen disfrutar de esta manera. Además el cielo estaba extraordinario. Tiempo después fue anunciado el próximo aterrizaje. Al tocar tierra el avión, se empezó a escuchar un aplauso el cual se hizo extenso. Los que estábamos a bordo agradecíamos el excelente vuelo que habíamos tenido y la gran experiencia de vivir esos paisajes desde el aire.
La aventura sigue ...