La noche estrellada cumplió con su atmósfera y unas cuantas botellas de vino tinto se fueron como agua entre pláticas eternas de todos temas. De vuelta a las cabañas totalmente equipadas, tomamos un par de tragos más y nos dormimos para estar listos a la mañana siguiente.
La cita era temprano, desayunamos un poco de fruta, pan y cereal. Nuestro destino era el famoso Parque Nacional Yosemite, uno de los más importantes en Estados Unidos. El camino fue largo y con muchas curvas, algunos se marearon. Llegamos al primer mirador y pudimos apreciar la magnitud del verde y el azul entre la mezcla de los colores de los árboles, el cielo y las cascadas en el fondo. Continuamos hacia una de las bases y puntos de encuentro. Con mapa e instrucciones en mano armamos un grupo de 15 personas. Teníamos la opción de tomar transporte, rentar bicicletas o bien, caminar. Decidimos esto último iniciando con la primera cascada a tan sólo 2 km de distancia. Tengo que decir que el parque cuenta con gran cantidad de atracciones entre lagos y cascadas y decidimos ir a unas cuantas conocidas y a otras que nadie va. Un paseo extraordinario. No paramos, íbamos de uno a otro sitio hasta que un lugar llamado Mirror Lake centró por demás nuestra atención. El espejo de agua era perfecto, todo se reflejaba. Disfrutamos del paisaje, del clima, del aire puro, del canto de las aves, de la vegetación y de la inmensidad de estos enormes árboles...